La semana pasada estuvimos en Pasto, donde nos acompañaron personas campesinas, indígenas, jóvenes y mujeres para conversar sobre el planeta de cara a la cumbre de Estocolmo+50. Aquí, nos concentramos en las alternativas económicas que existen, aprovechando el capital natural de manera sostenible para que lo que se use hoy, pueda ser disfrutado por futuras generaciones mañana. Fue una conversación enfocada al segundo diálogo de liderazgo de cara a Estocolmo+50: la recuperación social, económica y ambiental en la coyuntura actual post-COVID.

 

 

Los participantes hacían parte de varias ONG de base comunitaria, en particular de la Red de Viveros Huellas Verdes y la Iniciativa Que Viva el Árbol, quienes hacen una importante labor en materia de conservación y manejo de la biodiversidad. Priorizamos estas organizaciones en Nariño por la manera en la que aprovechan los recursos naturales para generar alternativas de adaptación al cambio climático, fomentan el desarrollo sostenible y aceleran procesos de arraigo territorial para la construcción de paz en la región.

Esta conversación se apoyó en tres ejes temáticos, (a) el rol de los viveros comunitarios en el cumplimiento de los compromisos ambientales, (b) los mayores desafíos para replicar las acciones que desempeñan a nivel territorial para llevarlas a nivel nacional y (c) las capacidades para fomentar empleos verdes en el territorio y así potenciar el cuidado de la biodiversidad. Así las cosas, quedó una cosa clara: la definición de “empleo verde” sigue en desarrollo. A continuación, se resumirán brevemente las ideas destacadas.

 

S+50

 

Rol de los Viveros

En cuanto al rol de los viveros comunitarios en el cumplimiento de los compromisos ambientales del país, las organizaciones de base comunitaria sentían que su aporte principal era la recopilación y recuperación de información y saberes ancestrales que se han ido erosionando a lo largo del tiempo. En especial, los viveros han impulsado el rescate del rol de las mujeres “como portadoras de conocimiento ancestral y promotoras de saberes".

Por otro lado, al ser reconocidos como productores responsables por excelencia y conocedores de la importancia de los páramos y humedales, consiguen apoyar al país en el cumplimiento de los compromisos ambientales protegiendo el agua y la diversidad biológica del país. Similarmente, resisten la introducción de especies no nativas que ponen en peligro paisajes naturales y los servicios ecosistémicos de la naturaleza en la región.

Por último, pusieron en evidencia la generación de procesos de apropiación del conocimiento sobre la importancia de los recursos de la biodiversidad e hídricos. Esto ha logrado que "la comunidad [se haya organizado] para llevar a cabo acciones de impacto que protejan el páramo, todo en estrecha relación con la cultura y cosmovisión de las comunidades de nuestro entorno".

 

S+50

 

Desafíos

Segundo, los participantes hablaron de algunos de los mayores desafíos para replicar las acciones que hacen a nivel territorial, al nivel nacional. Entre ellos se encontró que actividades como la megaminera, la introducción de especies no-nativas, la "siembra de cultivos ilícitos" y presencia de grupos armados, la expansión de la producción de lácteos en las zonas de alta montaña y los incentivos perversos formaban obstáculos enormes para replicar acciones locales a escala nacional.

Se hizo especial hincapié sobre la realidad de que el liderazgo de base comunitaria se ve enfrentada por "señalamientos contra los líderes y lideresas ambientales". Esto, junto a las grietas que impedían el relevo generacional de la información acumulada por las comunidades preocupaba a los participantes ya que supone la pérdida de saberes y conocimiento clave para la replicación de acciones.

Asimismo, se puso en evidencia que el escalamiento de estas acciones se veía comprometida por una falta de voluntad política. Las ONG pusieron sobre la mesa que “los planes de ordenamiento territorial están tan desactualizados que no han permitido que se liberen áreas para hacer restauración ecológica, lo que evidencia que las instituciones no tienen en cuenta a las comunidades, ni para indagar sobre las problemáticas ni para proponer las soluciones” y que continúan los procesos de explotación y producción sin consulta previa en la región.

Por último, en esta sección fue clara la tensión generada por "los modelos económicos desarrollistas y sus monocultivos, especialmente la ganadería, que ha dejado desplazado nuestras chagras, que es donde el hombre indígena se relaciona con la naturaleza, la ganadería ha reemplazado este sistema de producción sostenible".

 

Empleos Verdes

Tercero, hablamos de las capacidades de empleo verde que requiere el país para potencial el cuidado de la naturaleza. La conclusión dominante fue que “Las capacidades para estos negocios estan instaladas porque [sus] territorios son biodiversos, [y están] ubicados en zonas más estratégicas”. Aquí, se reconoció lo necesario que es “armonizar la naturaleza con la vida del hombre. Si bien es cierto que las políticas nacionales nos obligan a ser productivos afectando nuestros recursos naturales, la gran riqueza no es tener dinero, la riqueza es conservar nuestros territorios y ante todo conservar el agua".

Con esto en mente, se reconoció el valor del turismo diseñado de manera sostenible, de bajo impacto y que involucre a las comunidades para continuar rescatando saberes de las comunidades. Es decir, “hay que entender el empleo como un proceso que debe surgir desde la recuperación de saberes, la recuperación, la producción y transformación como escenario de economía solidaria y colaborativas”.

 

S+50

 

Conclusiones

Ha sido difícil resumir el encuentro en tan pocas palabras. Esta entrada de blog no le hace justicia a las ideas, palabras y sentimientos compartidos en este emocionante diálogo, sin embargo, nos quedamos con las recomendaciones y las acciones urgentes por estos actores.

En primer lugar, fue evidente el llamado hacia la institucionalidad (alcaldías y gobernaciones, en particular) por reconocer el trabajo en materia de conservación que hacían las comunidades sin ánimo de enriquecerse financieramente. En especial, recomendaban garantizar una planeación territorial concertada y participativa.

En línea con esto, se resaltó la urgencia por proteger y apoyar a los lideres y lideresas ambientales que se ven amenazados por cuidar el ambiente. Sin duda este fue una acción urgente concertada para frenar la degradación ambiental. Claro está, esto no es solo responsabilidad de la institucionalidad, pero de todos los colombianos.  

Por último, salió a la luz la preocupación de las comunidades por preservar sus saberes por medio del relevo generacional. La recomendación aquí fue la articulación de las acciones en el territorio con los más jóvenes y reconectar el ser con la naturaleza, incorporando enfoques ambientales en las instituciones educativas, un concepto que se ha repetido en varios espacios de diálogo.

 

#ConversemosSobreElPlaneta

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